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Vitoria-Gasteiz empieza a respirar mejor: la Zona de Bajas Emisiones reduce el CO₂ y transforma la movilidad del centro

Hace apenas seis meses, la entrada en vigor de la Zona de Bajas Emisiones (ZBE) en el corazón de Vitoria-Gasteiz se percibía como un punto de inflexión en la forma de entender la movilidad urbana. Hoy, el primer balance oficial del Ayuntamiento confirma que ese cambio no solo está en marcha, sino que ya deja huella en el aire que respiran los ciudadanos.

Según los datos presentados por el consistorio, la medida ha logrado evitar aproximadamente 10,65 toneladas de CO₂ en sus primeros seis meses de funcionamiento, asociadas directamente al tráfico en las calles incluidas dentro del perímetro de la ZBE. Una cifra que, en términos cotidianos, equivale a las emisiones que produciría un vehículo tras dar dos vueltas completas al planeta. Un dato que, más allá de lo simbólico, ilustra el alcance real de una política que empieza a modificar la huella ambiental del centro urbano.

“Los primeros datos empiezan a mostrar que la medida está cumpliendo su objetivo: mejorar la calidad ambiental del tráfico que circula por el centro”, ha señalado la concejala de Espacio Público y Barrios, Beatriz Artolazabal, subrayando el carácter progresivo de una transformación que no pretende ser abrupta, sino sostenida.

Menos contaminantes, más vehículos limpios

Uno de los cambios más significativos no se encuentra tanto en el volumen de tráfico —que se mantiene estable— como en su composición. Antes de la implantación de la ZBE, alrededor del 9 % de los vehículos que accedían al centro carecían de etiqueta ambiental. Hoy, ese porcentaje se ha reducido hasta el 4 %, lo que implica que circula prácticamente la mitad de vehículos altamente contaminantes que hace medio año.

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En paralelo, crece la presencia de vehículos con distintivos ECO y CERO emisiones, un indicador que el Ayuntamiento interpreta como un cambio de tendencia en el parque móvil que accede al centro histórico y comercial de la ciudad. No se trata únicamente de restringir, sino de incentivar una renovación progresiva hacia modelos menos contaminantes.

Un sistema que funciona sin colapsos ni saturación

Lejos de los temores iniciales sobre posibles restricciones severas o colapsos en la movilidad, el balance muestra una fotografía bastante estable. El número total de vehículos que circulan por la ZBE se mantiene en niveles similares a los de antes de su implantación.

Esto se explica en parte por el hecho de que la zona afectada ya contaba con importantes limitaciones previas. Ámbitos como el Ensanche o el Casco Medieval ya estaban sometidos desde hace años a regulaciones de tráfico, peatonalizaciones y restricciones de acceso. La ZBE, en este sentido, no parte de cero, sino que se integra en un modelo urbano que llevaba tiempo evolucionando hacia la reducción del vehículo privado.

Además, el análisis municipal descarta un efecto de “trasvase” del tráfico hacia calles colindantes. Es decir, no se ha producido un aumento significativo de vehículos en el entorno inmediato, otro de los temores habituales en este tipo de políticas urbanas. Incluso fuera del perímetro, el peso de los vehículos más contaminantes ha disminuido del 11 % al 8 %.

Una ciudad que regula, pero también adapta

Uno de los elementos más llamativos del balance es la magnitud del sistema de exenciones gestionadas. Desde la puesta en marcha de la ZBE se han tramitado más de 11.200 autorizaciones, la mayoría de forma automatizada. El resto corresponde a situaciones específicas contempladas en la ordenanza, como personas con movilidad reducida, determinados niveles de renta o acceso a garajes dentro de la zona.

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Este volumen refleja el esfuerzo por compatibilizar la nueva regulación con la realidad cotidiana de los vecinos y usuarios del centro, evitando que la transición hacia una movilidad más sostenible se perciba como una barrera insalvable.

El mapa del tráfico: dónde se concentra la ciudad

Aunque el volumen global de circulación no ha variado de forma significativa, sí lo hace su distribución interna. De los aproximadamente 4.700 vehículos diarios que atraviesan la ZBE, más de una cuarta parte lo hace por Portal del Rey, que se consolida como el principal eje de paso con unos 1.200 vehículos al día.

Le siguen General Álava, con alrededor de 855 vehículos diarios, la calle Prado con 812 y San Antonio con unos 500. Estos datos dibujan un patrón claro: el tráfico no desaparece, pero se reorganiza en torno a corredores concretos, mientras el resto del área gana en tranquilidad y calidad ambiental.

Cumplimiento elevado y sanciones residuales

Otro indicador relevante del balance es el bajo nivel de sanciones. Desde la entrada en vigor del régimen sancionador a mediados de diciembre, se han tramitado 637 expedientes, lo que equivale a unas ocho sanciones diarias. En términos relativos, apenas representan el 0,3 % del total de accesos registrados.

El Ayuntamiento interpreta esta cifra como un alto grado de cumplimiento de la normativa, más que como un problema de incumplimiento generalizado. La mayoría de los conductores, según esta lectura, se estaría adaptando con normalidad a las nuevas reglas del juego urbano.

Una estrategia que mira más allá del presente

Más allá de los datos, la implantación de la ZBE se enmarca en una estrategia más amplia de transformación urbana que Vitoria-Gasteiz viene desarrollando desde hace años. El objetivo, según el propio consistorio, es avanzar hacia una ciudad con menos contaminación, menos ruido y mayor calidad de vida en el espacio público.

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“Vitoria-Gasteiz lleva años apostando por una movilidad más sostenible. La ZBE es un paso más dentro de ese camino hacia una ciudad más saludable y con un espacio público cada vez más pensado para las personas”, ha afirmado la concejala.

En este sentido, el Ayuntamiento ya ha puesto fecha a la siguiente fase del proyecto: septiembre de 2027, cuando la ZBE se ampliará a nuevas calles de la ciudad. Un horizonte que confirma que esta primera etapa no es un punto final, sino el inicio de una transformación gradual y continuada.

Un cambio que se mide en aire, ruido y hábitos

Más allá de las cifras, el verdadero impacto de la Zona de Bajas Emisiones empieza a percibirse en aspectos menos cuantificables: un aire ligeramente más limpio, calles algo más silenciosas y una movilidad que se adapta, poco a poco, a nuevas prioridades.

El reto ahora será consolidar estos avances sin perder el equilibrio entre sostenibilidad, accesibilidad y actividad económica. Pero los primeros seis meses dejan una conclusión clara: la ZBE no ha frenado la ciudad, sino que está empezando a redefinir cómo se mueve.

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