Tubos Reunidos acelera su reestructuración: 285 salidas en un ERE que reconfigura su futuro industrial
El pulso entre viabilidad empresarial y tensión laboral entra en una fase decisiva en Tubos Reunidos. La compañía ha formalizado ante la Autoridad Laboral el Expediente de Regulación de Empleo (ERE) que finalmente afectará a 285 trabajadores, una cifra inferior a los 301 despidos inicialmente previstos, pero que confirma la profundidad del ajuste en una de las empresas industriales más emblemáticas de Euskadi.
El documento, presentado tras semanas de negociaciones sin acuerdo con los sindicatos, introduce algunos cambios relevantes respecto a la propuesta inicial: se ajustan las cifras por centros de trabajo, se reordenan perfiles afectados y se mejoran las condiciones para el personal eventual. Sin embargo, el núcleo del plan de reestructuración se mantiene intacto: una reducción significativa de plantilla en un contexto de viabilidad financiera comprometida.
Un ajuste que golpea especialmente a Amurrio
La plantilla inicial de Tubos Reunidos, compuesta por 1.217 trabajadores, ya anticipaba la magnitud del proceso. De ellos, 889 pertenecen a la planta de Amurrio y 326 a la de Trapagaran. Finalmente, el impacto se concentrará especialmente en la instalación alavesa, donde se prevé el cierre de la acería.
De las 285 salidas previstas, 222 corresponden a Amurrio y 63 a Trapagaran, aunque estas cifras están sujetas a variaciones derivadas de traslados internos aún en negociación. En total, la reestructuración se divide entre 205 bajas voluntarias y 80 contratos eventuales que no serán renovados o serán extinguidos.
En Amurrio se contabilizan 152 voluntarios y 70 eventuales, mientras que en Trapagaran son 53 voluntarios y 10 eventuales. Precisamente en este último centro se ha producido una situación particular: el número de trabajadores que han solicitado voluntariamente abandonar la empresa supera las salidas previstas inicialmente, lo que ha abierto la puerta a movimientos internos entre plantas.
Traslados cruzados y ecos del pasado industrial
Uno de los elementos más llamativos del expediente es la posibilidad de traslados de trabajadores entre plantas, una medida que tiene un fuerte componente simbólico en la historia reciente de la compañía. La dirección ha ofrecido a empleados de Amurrio la opción de trasladarse a Trapagaran para equilibrar las necesidades de personal.
Este movimiento reabre un capítulo conocido en la trayectoria de la empresa. En 2019, en un contexto de crisis industrial en Bizkaia y con el cierre de la acería de Sestao, trabajadores fueron trasladados de Trapagaran a Amurrio. Ahora, el flujo podría invertirse parcialmente, configurando un “retorno” para algunos empleados que en su día cambiaron de centro de trabajo.
Mejora de condiciones para eventuales
El expediente incluye una de las pocas novedades positivas para parte de la plantilla: la mejora de las condiciones de salida para los 80 trabajadores eventuales afectados. Estos percibirán una indemnización equivalente a 33 días de salario por año trabajado, con un límite de 24 mensualidades.
En el caso del personal fijo, se mantienen las condiciones previamente planteadas por la dirección, aunque con una advertencia relevante: estas solo serán aplicables si no se producen impugnaciones individuales, si no existe una sentencia colectiva que declare nulo o improcedente el ERE, y si la empresa logra avanzar en su proceso de refinanciación. Un matiz que introduce incertidumbre jurídica y económica en todo el proceso.
Despidos escalonados hasta 2027
El calendario de salidas añade otro elemento de complejidad. Los contratos eventuales se extinguirán de forma inmediata, con fecha límite del 31 de marzo. El resto de los despidos se ejecutará de manera progresiva entre el 31 de marzo de 2026 y el 30 de junio de 2027, en función de las necesidades productivas de la empresa.
Este esquema escalonado pretende amortiguar el impacto industrial y social del ajuste, pero también prolonga en el tiempo la incertidumbre laboral para decenas de familias. Los despidos se ejecutarán con un preaviso de 15 días, y la empresa ha confirmado la puesta en marcha de un plan de recolocación externa para facilitar la transición laboral de los afectados.
Un conflicto laboral sin resolución a la vista
El clima en los centros de trabajo sigue siendo de alta tensión. En Amurrio, la mayoría del comité —integrado por ELA, LAB y ESK— mantiene una huelga indefinida desde el 16 de marzo en protesta contra el ERE. Los sindicatos ya han anunciado que impugnarán el expediente ante los tribunales, aunque esta vía judicial no paralizará las salidas previstas.
La dirección, por su parte, insiste en que el ajuste es necesario en un contexto en el que la viabilidad de la empresa está “seriamente comprometida”. Tubos Reunidos afronta una situación financiera delicada, con una deuda que asciende a 263 millones de euros, aproximadamente la mitad de ella vinculada a la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI), que concedió un préstamo de 112 millones tras la pandemia y que aún no ha sido devuelto.
Un futuro condicionado por la refinanciación
El siguiente paso clave para la compañía será precisamente su capacidad para renegociar esa deuda. La refinanciación se presenta como una condición indispensable para garantizar la continuidad de la actividad industrial en el medio plazo y evitar un deterioro mayor de la estructura productiva.
En paralelo, la empresa ha anunciado que antes de que finalice marzo presentará las cuentas del último ejercicio, un documento que será observado con atención por trabajadores, sindicatos y acreedores, ya que ofrecerá una radiografía más precisa de la situación real del grupo.
Un punto de inflexión para la industria vasca
Más allá de las cifras, el ERE de Tubos Reunidos representa un nuevo episodio en la transformación de la industria pesada en Euskadi. El ajuste en Amurrio y Trapagaran no solo reduce plantilla: redefine el papel de ambas plantas en el mapa productivo de la empresa y reabre el debate sobre el futuro del sector siderúrgico en un contexto de competencia global, costes energéticos elevados y transición industrial.
En las próximas semanas, la evolución del conflicto laboral, la respuesta judicial y el éxito o fracaso de la refinanciación marcarán el rumbo de una compañía que se encuentra, quizá, ante uno de los momentos más críticos de su historia reciente.


