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Euskadi acelera su apuesta por las renovables para duplicar su autonomía energética antes de 2030

El Gobierno Vasco ha dado un paso decisivo en su estrategia energética con la presentación de las “Zonas de actuación prioritaria del EVE hasta 2030”, un ambicioso plan que busca impulsar el desarrollo de grandes instalaciones eólicas y fotovoltaicas en el territorio. El anuncio, realizado por el consejero de Industria, Transición Energética y Sostenibilidad, Mikel Jauregi, marca un punto de inflexión en la política energética de Euskadi, con el objetivo de duplicar su capacidad de generación eléctrica renovable en los próximos años.

La iniciativa responde a un contexto internacional marcado por la incertidumbre energética y la necesidad de reducir la dependencia exterior. En este escenario, el Ejecutivo vasco sitúa la autonomía energética como una prioridad estratégica, tanto para garantizar la seguridad del suministro como para reforzar la competitividad industrial y el bienestar social.

Un cambio de modelo energético

Euskadi parte de una situación de clara desventaja respecto a Europa en materia de generación renovable. En 2024, apenas el 7,9% de su consumo eléctrico procedía de fuentes renovables autóctonas, muy lejos del 46,9% de la media europea. El nuevo plan pretende revertir esta brecha mediante un incremento sustancial de la capacidad instalada.

La hoja de ruta contempla la incorporación de 450 megavatios (MW) de nueva potencia eólica y fotovoltaica gracias a grandes proyectos impulsados por el Ente Vasco de la Energía (EVE), junto a socios industriales. A esta cifra se sumarán otros 300 MW procedentes del autoconsumo, una modalidad que ha experimentado un crecimiento notable en los últimos años.

De cumplirse estas previsiones, Euskadi duplicaría su generación eléctrica propia, elevando su ratio hasta el 15%. Aunque todavía lejos de los estándares europeos, este avance supondría un salto significativo en la reducción de la dependencia energética exterior.

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Inversión y colaboración público-privada

El plan se sustenta en una apuesta decidida por la colaboración entre el sector público y privado. El Gobierno Vasco, a través del EVE, prevé coinvertir 80 millones de euros hasta 2030 junto a empresas del ámbito industrial para desarrollar los proyectos identificados.

Esta inversión se enmarca dentro del llamado “escudo industrial”, una batería de medidas orientadas a fortalecer la resiliencia económica del territorio. En concreto, el eje de Autonomía Estratégica cuenta con una dotación de 215 millones de euros destinada a reforzar el sistema energético vasco frente a posibles crisis externas.

El enfoque no se limita únicamente a grandes infraestructuras. Tal y como ha subrayado Jauregi, el modelo apuesta por un desarrollo equilibrado que combine grandes parques de generación con iniciativas de autoconsumo a menor escala. “Todo gesto cuenta”, ha insistido el consejero, defendiendo una transición energética que implique tanto a la industria como a los hogares.

Un despliegue “realista y racional”

Uno de los aspectos clave del plan es la aplicación del denominado “Modelo EVE”, un sistema de planificación que establece criterios estrictos para seleccionar las ubicaciones más adecuadas para las nuevas instalaciones.

Este modelo prioriza, en primer lugar, la existencia de recurso natural —sol o viento—, seguido de la viabilidad ambiental y urbanística. También se tiene en cuenta la proximidad a infraestructuras eléctricas, como subestaciones situadas a menos de 15 kilómetros, así como la rentabilidad económica de los proyectos.

El resultado es un mapa estratégico que concentra el desarrollo en zonas con mayor potencial y menor impacto, evitando conflictos territoriales y garantizando un despliegue ordenado. El objetivo es claro: avanzar en la transición energética sin comprometer el equilibrio ambiental ni la cohesión social.

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Proyectos tractores para una nueva etapa

El nuevo modelo ya ha comenzado a materializarse en proyectos concretos que actuarán como impulsores del cambio. Entre ellos destacan el Parque Eólico de Labraza, con una capacidad de 40 MW, y la planta fotovoltaica de Ekienea, que con 108 MW será la mayor instalación solar de Euskadi.

Estas iniciativas suponen un punto de inflexión tras dos décadas sin la puesta en marcha de nuevos parques eólicos de gran tamaño en el territorio. El último precedente, el parque de Badaia, data de hace años, lo que evidencia el parón que ha experimentado este tipo de desarrollos hasta ahora.

En el ámbito solar, proyectos como Ekian, inaugurado en 2020 con 24 MW, sentaron las bases de una nueva etapa que ahora se consolida con instalaciones de mayor envergadura.

El auge del autoconsumo

Paralelamente, el autoconsumo se ha convertido en uno de los pilares de la transición energética vasca. En apenas cinco años, la potencia instalada ha pasado de 7 MW en 2020 a 193 MW en 2025, un crecimiento exponencial que refleja el creciente interés de ciudadanos y empresas por generar su propia energía.

Las previsiones apuntan a que esta tendencia continuará en los próximos años, permitiendo a Euskadi acercarse a los niveles europeos antes de 2030. Este modelo descentralizado no solo reduce la dependencia energética, sino que también empodera a los consumidores y fomenta una cultura energética más sostenible.

Un reto estratégico de futuro

La transición energética se ha convertido en uno de los grandes desafíos de nuestro tiempo, y Euskadi busca posicionarse como un actor relevante en este proceso. La combinación de grandes infraestructuras renovables, autoconsumo y planificación estratégica dibuja un camino hacia un modelo energético más resiliente, sostenible y competitivo.

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El reto no es menor. Alcanzar los objetivos marcados requerirá mantener el ritmo inversor, reforzar la colaboración entre administraciones y empresas, y garantizar la aceptación social de los proyectos. Sin embargo, el plan presentado por el Gobierno Vasco sienta las bases para avanzar en esa dirección.

En un contexto global marcado por la volatilidad de los mercados energéticos y la urgencia climática, Euskadi apuesta por producir su propia energía limpia. Una estrategia que no solo busca reducir la dependencia exterior, sino también construir un futuro más sostenible para las próximas generaciones.

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